¿Te tratas como lo hacen los demás contigo?

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¿A quién no le gusta que le hablen bien y le digan cosas bonitas? Seamos sinceros, bella, nos gusta a todos.

 

Pero… ¿Te has parado a pensar si tú misma te tratas como te tratan los demás?

 

Eres muy buena persona.

Siempre estás para ayudar a los demás.

Sabes escuchar y entender como poca gente sabe.

Haces reír a tus amigos y cuidas de ellos.

Te preocupas por la gente que te rodea y buscas su felicidad.

Das sin esperar nada a cambio.

Estás ahí cuando el otro te necesita, dispuesta a todo.

Eres risueña, dulce, empática, y tu esencia hace sentir bien a otros.

 

Seguro que sabes que esto es cierto y que te lo han dicho en tu familia, en tu grupo de amigos o tu propia pareja, pero, ¿te has parado a pensar si tú te tratas como te mereces?

¿Te has parado a pensar si lo que te dices a ti misma tiene que ver con la persona que eres?

 

Voy a decirte algo, bella; sé que te quieres, pero también sé que te hablas mal. Sé que eres demasiado dura contigo misma y que todas esas cosas bonitas que te dicen los demás, y que sabes que son ciertas, no te las has dicho nunca a ti misma.

 

Sé que no te das la mano, al revés. Te hablas con poco amor y no te permites quererte con palabras a ti misma.

Muchas veces, incluso, tu diálogo interior es tan negativo que te bloquea y te hace daño.

 

Siempre meto la pata.

No sirvo para esto y nunca lo haré.

No soy capaz de hacerlo.

¡Soy demasiado inútil!

¿Por qué he dicho eso? ¡Tendría que haber dicho otra cosa!

Otros pueden con más y yo con esto ya me siento cansada; ¡no aguanto nada!

 

Estos son solo algunos ejemplos de un diálogo interno negativo, pero estoy segura de que te has dicho algo parecido alguna vez. Necesitas cambiarlo para poder darle un giro a toda esta situación.

 

¿Cómo puedes hacerlo? Dándole un giro total a esas afirmaciones. Cuando reconozcas un diálogo interno negativo, como el “siempre meto la pata”, intenta cambiar eso por algo positivo, como “de vez en cuando me equivoco, es normal, aprenderé de los errores y mejoraré”. Cuando reconozcas un pensamiento negativo sobre ti misma, como “soy una atleta horrible”, cámbialo por algo positivo, como “no se me da bien el deporte, pero soy muy buena escribiendo” o “soy cariñosa”.

 

¿Has visto cómo puede cambiar todo con un simple giro de enfoque? Lo negativo se ha convertido en positivo; en vez de meter la pata y echártelo en cara a ti misma, puedes reconocer tu error, con estima, y decirte a ti misma que utilizarás tu error para mejorar.

 

En vez de decirte que no vales para trabajar en equipo o que eres mala para el deporte, puedes decirte lo buena que eres escribiendo novelas o los kilómetros que consigues hacer caminando, por ejemplo. ¡Te prometo que te sentirás mucho mejor!

 

Y es que, cambiar la forma de hablarte a ti misma es realmente fácil, bella, y puede hacerte sentir mucho mejor. Así que, cuando reconozcas un pensamiento negativo sobre ti misma, dale la vuelta y conviértelo en algo positivo.

Empezarás a sentir lo poderoso que es hablarte bien a ti misma.

 

¡Ah!, antes de irme, ¿me dejas darte un consejo? Si quieres, también puedes apuntar algunas cosas positivas sobre ti misma y dejarlas en lugares donde pases a diario, o en tu libreta de apuntes y revisarlo cuando sientas el diálogo interno negativo.

Es un truco muy simple pero muy efectivo para aprender a reconocer tu valía y empezar a hablarte con más amor.

 

Además, antes de acabar, te propongo un sencillo ejercicio para trabajar en ti misma:

 

Dibuja en un papel un árbol con raíces y ramas. Puedes añadir hojas o pintarlo de colores. Disfruta de este ratito de creatividad.

 

Ahora, en cada raíz, vas a escribir un logro que hayas conseguido en tu vida, desde pequeña hasta ahora. Puede ser un logro personal o profesional, algo grande o pequeño. Tú decides.

 

Después, escribe en cada rama un valor o una característica tuya de la que estés orgullosa. ¡Venga, déjate llevar! Verás como van a salir muchas más cosas de las que tú creías. Aunque no te lo creas y muchas veces lo ocultes, sabes que vales mucho.

 

Cuando hayan pasado unos días, puedes pedirle a tu gente de confianza que te describa y te digan una lista de valores o características tuyas que les encanten y que te den el motivo de cada una de ellas.

 

Ahora coge el dibujo del árbol y añade todo lo que te hayan dicho en las ramas del árbol.

Cuando lo hagas, estoy segura de que muchas de esas características serán las mismas que has puesto tú, porque ellos ven en ti esas virtudes que tú misma, a veces, no logras ver. Eso reafirmará tu valía.

 

Por último, te animo a que cuelgues ese dibujo en un lugar visible y le eches un ojo todos los días hasta que lo integres. Tienes mil virtudes, mil logros y una valía intensa. Es momento de que te reconozcas en ellos.

 

¿Lo pruebas y me cuentas? ¡Estoy a tu lado!

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