Así rompe el ego tu relación de pareja

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El otro día te hablé sobre los beneficios del ego a nivel personal, pero hoy vamos a hablar de cómo el ego, mal entendido, puede afectar a tu relación de pareja.

 

Y es que sí, cuando aparece el ego en las relaciones amorosas, normalmente lo hace para hacerte creer que tú eres superior al otro y que estás por encima de él.

 

Frente a una discusión, por ejemplo, el ego aparece para decirte que eres tú quien tiene razón, que solo es válido tu punto de vista. Sientes que tu forma de amar y de ver el mundo es la única forma correcta y que está mucho mejor que la de la otra persona.

 

En este punto, tu ego se está ocupando de minimizar todo lo que venga del otro y acepta lo propio como la única forma correcta de actuar, ver, entender y sentir.

 

Por ese motivo, tampoco muestras tus sentimientos ni explicas tus necesidades. Esperas que el otro las de por hecho, las entienda y las cumpla.

 

Ahí puedes reconocer una bandera roja en tu relación, y es que, cuando tu ego te controla, te está alejando de ti misma y de la otra persona.

 

Cuando te relacionas desde tu ego, crees que tu visión del mundo y el amor es superior a la del otro y no aceptas otras formas de comprender todo esto.

 

¿Por qué no soy capaz de ponerme en el lugar del otro y empatizar con él?

¿Por qué me lo tomo todo de forma personal y me siento siempre atacada?

¿Por qué no soy capaz de expresar mis sentimientos y mis necesidades?

¿Por qué necesito controlar al otro y tenerle siempre dispuesto a cumplir lo que yo necesite?

 

Porque te estás relacionando desde tu ego, bella.

 

¿Y sabes qué ocurre entonces?

 

Que no estás ocupada en hacer que la vida del otro sea mejor, ni tampoco en cuidar la vida que habéis construido juntos. Solo te enfocas en que la tuya sea mejor, incluso, muchas veces, lo haces a costa de tu pareja. Y esto sí supone un problema en tu relación de pareja, y puede suponer que tu relación acabe vacía y totalmente destruida.

 

En una relación sana, ambos se ocupan de crecer y construir juntos. Te importas a ti misma, por supuesto, pero también te importa el otro, y buscas su felicidad y plenitud, así como la felicidad conjunta.

 

En una relación sana y madura, frente al conflicto, se intenta buscar un punto en común y se entiende que, a pesar del problema, no eres tú contra él, sino que sois los dos contra el problema. Cuando existe el ego, esto no es posible.

¿Por qué?

 

Porque te sientes siempre atacada.

Sientes que todo te ocurre a ti.

Sientes que el otro no cumple con tus necesidades.

Atacas al otro para cargar tus responsabilidades sobre él.

Crees que tú llevas razón y no te paras a escuchar al otro.

 

Por eso, bella, déjame decirte que es necesario que, si te sientes identificada con alguna de estas situaciones, es necesario que le des un giro a todo esto. 

 

¿Cómo? Empezando a trabajar tu ego para que actúe solo cuando tú lo decidas, y en beneficio propio, como hablábamos el otro día.

 

Y es que, cuando consigues domar tu ego, consigues evitar que domine tu vida y empiezas a ver colores que antes parecían no existir.


Consigues amar en plenitud, sin apegos, de forma sana y madura.
Consigues ponerte en el lugar del otro para entenderle.

Respetas su crecimiento y sientes que él respeta el tuyo.

Dejas de lado las culpas y empiezas a buscar las razones.

Miras por ti, pero también miras por la felicidad del otro.

Empiezas a cuidar el vínculo y a darle la importancia que merece.

Expresas tus emociones, tus sentimientos y tus necesidades.

Te comunicas con el otro desde el respeto y no para exigir, sino para comunicar.

Escuchas al otro y trabajas para entenderle.

 

Además, consigues comunicarte libremente y expresar tus sentimientos y tus necesidades para hacerle saber al otro qué te ocurre y escuchar qué le ocurre a él. Así, juntos, podéis trabajar para buscar la mejor solución y acompañaros en un proyecto común que respete el crecimiento personal de cada uno.

 

¿No te parece realmente increíble?

¿No crees que te sentirías mucho mejor así?

¿No sientes que es mucho más sano y real desde ahí?

 

Sí lo es, bella.

Esa sí es la base de una relación sana como la que tú quieres tener. Y, para ello, necesitas desactivar el exceso de ego y dejar de hacer las cosas como tu ego quiere para empezar a disfrutarlas como realmente son.

Para ello, te propongo escribir estos 7 puntos donde tú quieras y revisarlos cada día. Si lo haces y pones acción, estarás trabajando el exceso de ego y tomando el control de tu vida:

 

  1. Tu realidad no es la única realidad, incluso, a veces, lo que tú ves no es la situación real.
  2. Cuestiónalo todo, siempre. No te quedes con lo primero, analiza las situaciones.
  3. No te creas todo lo que piensas. Analiza tus creencias.
  4. Recuerda que el ego, mal entendido, puede ser tu peor enemigo.
  5. Escucha antes de hablar. Aprende a escuchar a los demás.
  6. Pregunta qué antes de interpretar por tu propia cuenta.
  7. Agradece lo que tienes y lo que no tienes.

 

Y, recuerda; cuando consigues domar tu ego, consigues evitar que domine tu vida y empiezas a relacionarte desde el amor sincero, desde la plenitud y desde la libertad.

 

¿Te atreves a probarlo?

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